9.9.10

Something

No es fácil maniobrarlas. Ellas están tan prolijitas, tan bien pintadas, tan redondas, tan llenas de magia… La pintura nunca se les corre, porque si así fuese, perderían el encanto que las caracteriza. Sí, esa pintura suave y perfectamente elegida para cada una de ellas no puede esfumarse.
Se deslizan de un lado para el otro. Pilar las mueve con una sutileza especial, juega con sus figuras, las hace parte de sus manos, se convierten en una extensión de su cuerpo y en artífices del momento que no deja de ser filmado.
La cámara las mira fijamente; a la dueña de las pequeñas manos inquietas, y a ellas, que no dejan de bailar su propia danza al ritmo de la música. La alfombra mullida es el escenario perfecto.
Están fijas, están inmóviles… se mueven. Se deslizan, se conocen, se rozan. La joven de las manos blancas no tiene cara: sólo piernas entrecruzadas vestidas con una calza y los pies cubiertos por medias. Piernas, pies y manos… nada más. Ah sí, y ellas bailar al compás de la melodía, por supuesto.
¡Qué entretenido espectáculo!
En el comienzo, se trataba de una sola. Luego, una parte de sí es extraída, y luego otra, y otra, y así sucesivamente hasta quedar todas paradas, bien derechitas, sobre la alfombra de Pilar.
La danza continúa: no tienen miedo de dejarse llevar por las manos. Pero el fin se aproxima y, todas y cada una de ellas vuelven al sitio de donde salieron: las manos de Pilar las hace una sola.
Una sola Mamushka.


5.9.10

Reflexión

Cuando el adolescente medio se encuentra en vistas a terminar el colegio, es bastante lógico que no sepa qué hacer de su vida. Con esto me refiero a que el jovencito no sabe qué estudiar, y si es que ya lo sabe, no se decide dónde.
Cuando encuentra carrera y lugar, se lanza al futuro. Estudia. Puede dejar, puede seguir. Puede seguir y dejar en la mitad. Puede dejar en el penúltimo año. Puede dejar al tercer día de clases. Puede seguir diez años y permanecer en primero. Etcétera.
Por otra parte, está el joven de 20 que se encuentra en el tercer año de una carrera de cuatro. Digamos que, cuando empezó, el final del camino se encontraba demasiado lejos del alcance de sus manos y de su mente. Pero, un día, resulta que abre los ojos y se encuentra con el futuro ahí mismo, delante suyo. Listo para ser palpado con las manos.
En Argentina, para el joven de entre 20, 21, 22 ó 23 años, la situación es un poco complicada.
Desde la experiencia personal, pareciera difícil encontrar EL trabajo perfecto para EL periodista con TODAS las ansias, las ganas y la curiosidad.
Definitivamente no está bueno ver a la modelito sonriente pasearse por las revistas y los programas de TV como la "conductora" equis. Ahí es cuando me pregunto, qué hago estudiando si, al fin y al cabo, parece que todo en esta vida se trata de quién puede meterte en el medio o no.
Con las esperanzas un poco perdidas y los brazos abajo, me di cuenta de que las posibilidades son infinitas. Que si uno quiere algo, realmente puede conseguirlo.
Hoy en día, hay múltiples posibilidades de expresión que no hubiésemos tenido ni 30, ni 20, ni, incluso, 10 años atrás.
Blogs, radios, twitter, publicaciones pequeñas. Hay libertad de expresión. Hay libertad y ganas, por sobre todas las cosas.
Hay gente que quiere cambiar; gente que sabe escribir, que sabe hablar, que sabe entrometerse , que posee niveles de curiosidad admirables. Gente que tiene ganas de mirar para adelante y cambiar las cosas.
Defender con uñas y dientes lo que uno desea.


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